UN GRITO DEL ALMA
Sin importar el color, el sexo, la religión, su estrato socio económico, sin importar en que punto del planeta se encuentre, todos los que llevamos en la mente, el alma y el corazón llenos de pasión por ese objeto circular que rueda por un césped cada fin de semana o entre semana también, podemos decir que vivimos un idilio de amor cuando la pelota besa la malla.
Es ese momento único, donde el alma y el corazón se paralizan por segundos, donde todo el flujo sanguíneo se convierte en una explosión de júbilo que sale desde lo más profundo de las entrañas, que convierte nuestras gargantas en trompetas anunciando la proeza y donde los brazos en alto se transforman en símbolo de victoria.
Es allí, en ese instante donde todo aquel que no conocemos se convierte en un amigo, un hermano un compañero y nos fundimos entre abrazos con extraños dejando salir esa palabra sagrada para todo aquel que dice ser llamado hincha del fútbol, una exquisitez que deleita labios al pronunciarse, corazones al regocijarse y almas que se funden en un sentimiento que no se puede describir, ese justo instante donde todo se resume en tres letras: ¡GOL!
Es ese momento único, donde el alma y el corazón se paralizan por segundos, donde todo el flujo sanguíneo se convierte en una explosión de júbilo que sale desde lo más profundo de las entrañas, que convierte nuestras gargantas en trompetas anunciando la proeza y donde los brazos en alto se transforman en símbolo de victoria.
Es allí, en ese instante donde todo aquel que no conocemos se convierte en un amigo, un hermano un compañero y nos fundimos entre abrazos con extraños dejando salir esa palabra sagrada para todo aquel que dice ser llamado hincha del fútbol, una exquisitez que deleita labios al pronunciarse, corazones al regocijarse y almas que se funden en un sentimiento que no se puede describir, ese justo instante donde todo se resume en tres letras: ¡GOL!
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