UNA CITA CON SANTA FE
Soy hincha de Santa Fe desde que tengo memoria, haciendo un pequeño viaje en el tiempo, levemente tengo en mis recuerdos las tardes dominicales en las que visitaba el coloso de la 57 acompañado de mi mamá (la que me heredó esta pasión) en la tribuna oriental, con apenas 7 años, había que cumplir con esa cita sagrada, en la que oficialmente llevaría al león en mis venas y el sentimiento cardenal cada día se haría más profundo.
Recuerdo emocionado el famoso claxon que retumbaba en la tribuna con el sin igual "Ta Ta Ta" que simula el sonido del expreso, las banderas adornando sin par las tribunas, el ambiente familiar donde compartíamos sin conocernos, donde nos fundíamos en abrazos de gol entre propios y extraños, así como si fuéramos una sola familia unida, todos con la misma pasión alentando al primer campeón.
Así paso el tiempo, ese era nuestro plan de cada domingo, ir juntos mi mamá a ver a nuestro amado Santafecito, a celebrar juntos las victorias y apoyarnos en las derrotas, pero siempre anhelando conquistar esa séptima estrella que nos fue esquiva por muchos años.
Por cuestiones del destino, tuve la fortuna de acompañar a mi primo a eso de la barra brava, a ingresar a esa tribuna donde todos saltaban y cantaban los 90 minutos, donde la pasión por el "expreso rojo" se vive fervorosamente. Después de estar entre banderas, cantos, pitos, palmas y mucha pasión, sentí que ese era mi lugar en el mundo, era una experiencia que quería para mi vida, era inevitable no sentir como la pasión por Santa Fe se desbordaba en ese lugar y me hiciera sentir más que feliz.
En la tribuna sur del estadio El Campín conocí muy buenos amigos, que todavía con el tiempo se conservan, viví alegrías inmensas, tristezas profundas, pero más que nada entendí que el amor que se siente por ese hermoso escudo, por este equipo fundado en el Café Pasaje en la plazoleta del Rosario aquel 28 de febrero de1941, traspasa cualquier cosa, a los hinchas del león el amor nos convierte inmunes al dolor, a la derrota y a los resultados.
Han pasado ya 18 años desde la primera vez que tuve la fortuna de ver a Santa Fe jugar en el gramado de El Campín, he visto derrotas dolorosas, triunfos épicos, empates injustos, he recorrido casi todo el país acompañando al rojo, también en el extranjero, donde sientes la presión de todo un país en contra, pero con la convicción de que estar al lado suyo es una cita que no se puede perder.
Así fue ese 22 de abril de 2015, 18 años después de la primera cita con el equipo que amo, esta vez para lograr el paso a los octavos de final de la Copa Libertadores de América, es un día especial para mí, ya que esta vez, solo esta vez, decidí estar solo acompañando a Santa Fe, no tenía ninguno de mis amigos a mi lado, esta vez quería sentir esta pasión en soledad, celebrar una cita de una manera diferente, casi sentirlo como ese ritual personal que nadie más te puede acompañar.
El reloj marcaba las 5:45 pm, ya estaba en el estadio, cantando y alentando, sintiendo esa felicidad de poder cumplirle una vez más la cita infaltable a esta pasión, era una sensación extraña el estar rodeado de tanta gente pero a la vez experimentando la soledad para expresar y demostrar toda la pasión que siento por el león. Pasaron los minutos y llegó el primer gol, de inmediato solté el grito que salió desde el alma, donde la emoción fue tan grande que algunas lágrimas brotaban, estaba tan inmensamente feliz que no podía aguantarme la carga emocional que llevaba, me abrace con extraños, celebramos juntos y mi mente se llenaba de recuerdos. Pasaron los minutos y llego otro gol, el éxtasis era total, me sentía completo, me sentía inmensamente feliz.
En mi mente rondaban lo que me han dicho a lo largo de los años; Está loco, eso es solo un partido de fútbol, simplemente es un equipo, estas perdiendo tu tiempo. A todos ellos les quiero decir que esta es mi felicidad, que cada miércoles o domingo renuevo los votos y siento cada vez más profundo este amor, que sea el día, la hora o la fecha, el clima o cualquier otra situación, ver, escuchar y acompañar a Santa Fe es una cita que jamás voy a perder.
Gracias mamá por esta pasión, por este amor y por esta bella herencia. ¡Orgullosamente Santafereño!
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